Nuestra opinión
Tras 20 meses, Israel y palestinos vuelven a buscar acuerdo pacifista
No suelen encontrarse muchas cosas para celebrar en la situación de Medio Oriente, donde sobra fanatismo religioso y heridas de guerra que no cicatrizan, mientras que el odio hasta se enseña en las escuelas. No obstante, es alentador advertir que, tras 20 meses de total distanciamiento, recomenzaron ayer en Washington las negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina, representados por sus máximas autoridades. La empresa no es fácil, pero cuenta con el apoyo de todos los seres humanos que aspiran a un futuro de paz.
El viejo comedor familiar de la Casa Blanca sirvió ayer a mediodía como escenario de la primera conversación directa que líderes de Israel y de la Autoridad Palestina mantienen tras los 20 meses transcurridos desde el cierre de la última instancia negociadora. Actuando como dueño de casa, el presidente estadounidense, Barack Obama, decidió que ese ambiente, más recoleto que el comedor en el que se realizan los banquetes de Estado, era el lugar más adecuado para brindar un entorno proclive a la aproximación de los hoy distantes mandatarios.
Entre paredes y cortinados amarillos, los que reabren el diálogo son el primer ministro israelí, Benjamín Netanyhu, y el presidente Mahmud Abbas, de la Autoridad Palestina. También participan del encuentro el presidente Osni Mubarak, de Egipto, y el rey Abdullah II, de Jordania. E, invitado especialmente por Obama, el ex premier británico Tony Blair, como representante del llamado “Cuarteto para el Medio Oriente”, que vincula a EE.UU., Rusia, las Naciones Unidas y la Unión Europea en el respaldo de las iniciativas de paz para la convulsiva región.
La reanudación de estas conversaciones no puede ser más que saludada con satisfacción, como debe hacerse con cualquier intento de evitar un conflicto bélico. No obstante, sólo cabe tener bien presentes las muchas amenazas que se ciernen contra este proceso, empedrando de dificultades el camino que queda por delante. La primera de las cuales ha sido ya el asesinato de cuatro civiles israelíes en Cisjordania, ocurrido en la antevíspera y reivindicado por el grupo extremista Hamas, que indudablemente actuó y se teme que vuelva a hacerlo, con el afán de torpedear las inminentes negociaciones.
Tampoco es necesario ser Fidel Castro para advertir que la volátil situación regional puede terminar en una conflagración que desborde largamente los límites de la región, incluso con el empleo de armas tácticas de destrucción masiva. En Medio Oriente lo que está en juego es la paz del mundo y así debe comprenderse.
Es sin duda muy difícil promover la paz en una región sacudida por acciones bélicas desde hace varios decenios. Ya se han generado heridas que será muy difícil cauterizar, especialmente cuando conocidas actitudes fanáticas han llevado a que el odio se les enseñe hasta a los niños de escuela. Y ese es el telón de fondo de una empresa pacifista que, particularmente del lado palestino, no encuentra un apoyo monolítico.
El presidente Abbas es favorable a las negociaciones. Su posición es compartida por los partidarios de Al Fatah, la organización que fundaron el propio Abbas y el desaparecido Yasser Arafat. Pero Hamas, la otra gran fracción que convoca a los palestinos, sus militantes y su organización armada son absolutamente contrarios a la negociación con los israelíes. Hamas perdió las elecciones en Cisjordania y las ganó en la franja de Gaza, territorio palestino que controlan y que está sometido a un férreo bloqueo israelí, orientado a evitar el disparo de misiles hacia su territorio.
Es claro que Hamas va a hacer todo lo posible para el fracaso del diálogo pacifista. Y en esa materia cuenta con el apoyo de Irán, Siria y organizaciones terroristas como Hizbullah y de todo el aparato militar propio, que se ha hecho fuerte en Gaza. Y que es también capaz de operar en Cisjordania, como lo puso claramente de manifiesto el atentado que tuvo lugar en Hebrón y que hoy enrarece el comienzo de las negociaciones.
A su vez, observadores señalan que está creciendo el descontento de la población civil de Gaza contra una administración que Hamas maneja de un modo autoritario y propiciando una corrupción rampante.
Del lado israelí el protagonista es Benjamín Netanyahu, líder del partido conservador que formó gobierno aliándose con fracciones ultranacionalistas que en alguna medida postulan posiciones de un fanatismo que los aproxima a los más radicales entre los enemigos de Israel. De allí que Netanyahu haya insistido en el enclave de nuevas colonias judías en territorio de la administración palestina, gesto que afectó sensiblemente a las anteriores conversaciones de paz, aparte de la relación entre Israel y su principal aliado, EE.UU.
En este momento la construcción de nuevas colonias está congelada, pero la moratoria unilateral vence el próximo 26 de setiembre y Netanyahu se ha manifestado siempre a favor de continuar con los emplazamientos. Sin dudas este será uno de los temas que se enfocarán en los primeros contactos.
Para Israel, la gran meta es afianzar su propia seguridad. Los problemas no los causarán seguramente ni Egipto ni Jordania, con los que el Estado hebreo mantiene relaciones normales. Pero el terrorismo de Hamas estará tan presente como las constantes amenazas de Mahmoud Ahmadinejad contra la misma existencia de Israel. Las conversaciones seguirán hoy, ahora en el Departamento de Estado y bajo la atenta mirada de Hillary Clinton. Luego se trasladarán a Medio Oriente. El deseo generalizado entre los amantes de la paz es que un entendimiento ponga fin a decenios de sangrientas confrontaciones. Pero la realidad no siempre acompaña las expectativas mejor intencionadas.
Tras 20 meses, Israel y palestinos vuelven a buscar acuerdo pacifista
02/Sep/2010